Un desarrollo urbano que evite la desertización y la sequía

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El pasado 17 de junio fue el Día Mundial de Lucha contra la Desertización y la Sequía, y es el momento de recordar que se han logrado avances notables en la resiliencia a estas cuestiones a nivel mundial. De África a Asia, los esfuerzos concertados han dado lugar a avances en el desarrollo y todas las regiones están experimentando un crecimiento económico. La resistencia a los choques y los desastres naturales, así como a las sequías y la desertización, es fundamental para preservar estos logros.

Los riesgos climáticos, entre ellos la desertización y la sequía, amenazan los logros del desarrollo que han sido ganando duramente al impedir el crecimiento en sectores estratégicos como la agricultura, la gestión de los recursos hídricos y el desarrollo urbano. Como se discutió en la reciente Conferencia Mundial de Reconstrucción (CMR3), estos riesgos, agravados aún más por la fragilidad y las situaciones de conflicto, están en aumento en muchas partes del mundo.

Los países de África y Oriente Medio, muchos de los cuales se encuentran en situaciones de conflicto, se enfrentan ahora, a que 20 millones de personas en estas dos regiones padezcan actualmente hambruna debido a una prolongada sequía. Las tendencias futuras predicen que para el año 2030, los riesgos climáticos podrían situar a 43 millones de africanos por debajo de la línea de pobreza.

En Asia Oriental, Vietnam experimentó recientemente su peor sequía en 90 años. El desastre inducido por El Niño impactó el 83% de las provincias del país, afectando a más de 2 millones de personas. En Indonesia, la temporada de lluvias no comenzó cuando se esperaba, debido a El Niño. La ONU estima que en los distritos gravemente afectados por la sequía, 3 millones de indonesios viven por debajo de la línea de pobreza y 1,2 millones de estas personas dependen de las lluvias para la producción de alimentos y para su sustento.

En esta encrucijada crítica, es imprescindible integrar los sistemas de resiliencia climática en los planes de desarrollo regional, especialmente cuando se trata de combatir la desertización y la sequía. En respuesta a estos desafíos, el Banco Mundial y sus asociados han establecido programas para abordar estratégicamente la sequía, la desertización y los riesgos climáticos inminentes.