Greenpeace propone tomar el modelo de Grecia frente a la pobreza energética

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Con el fío y la nieve, más allá de las bucólicas estampas nevadas, quedan las personas que no pueden pagar la calefacción, el agua caliente o la luz y que, muchas veces, viven en edificios muy mal aislados “hijos de una especulación inmobiliaria ciega a las necesidades de las personas”.

De acuerdo a datos de la organización Greenpeace, más de 5 millones de personas en España no pueden calentar sus hogares en invierno a una temperatura adecuada, muy por encima de la media europea.

La pobreza energética es una de las muchas caras de la pobreza y está claro que las soluciones tienen que ser compartidas con las que vayan a erradicar esta lacra. Pero también es un síntoma de las disfunciones de un sistema energético que no reconoce el derecho al acceso a la energía limpia como el bien de primera necesidad que es. “En este sistema las personas somos consumidoras pasivas aplastadas por el peso de una burocracia que premia los ingresos las corporaciones frente al derecho ciudadano a la salud y el acceso a la energía limpia y asequible”, indica la organización.

El Gobierno griego ha promulgado una Ley de Autoconsumo Virtual que permite a los Ayuntamientos instalar energías renovables en los tejados de sus edificios (incluidos los de viviendas de protección oficial) e intercambiar la electricidad limpia producida entre todos estos edificios para que se abastezcan. “Desde Greenpeace les propusimos que esa electricidad de la ciudadanía también se pudiera utilizar para abastecer a los hogares en pobreza energética. De este modo se hace política social con la energía limpia devolviendo así a este bien de primera necesidad su dimensión social y ecológica”.

Para la organización ecologista, iniciativas como esta podrían multiplicarse por todo Europa.