Se rehabilitarán 57 edificios del barrio bilbaíno de Irala a través de proyecto FosterReg

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Edificio rehabilitado en San Pedro de Cardeña

Desde este próximo mes de febrero la intervención de la sociedad municipal Surbisa se centrará en 57 inmuebles de Irala, con cuyos propietarios ya ha entablado contacto para incorporar mejoras en materia de sostenibilidad y accesibilidad. Será después de que el Gobierno vasco declare el señalado núcleo urbano de Rehabilitación Protegida, un trámite necesario para que los vecinos puedan acceder a ayudas económicas para afrontar los gastos.

Esta actuación, además, se ha recogido como modelo dentro del proyecto FosterReg de la Unión Europea para que las administraciones analicen las complicaciones que conlleva incorporar criterios de sostenibilidad en el parque de edificación.

“Cuando tengamos la declaración la maquinaria de Surbisa iniciará la gestión con las comunidades de vecinos”, anuncia Josu Urriolabeitia, arquitecto jefe del Área Técnica de Surbisa, quien afirma que ya han visitado edificio a edificio, “casi vivienda a vivienda”. Según explica, el conjunto de inmuebles, apodados casa baratas, construidos en 1955 por el Instituto Nacional de la Vivienda, “son unos bloques que corresponden a una manera muy concreta de construcción de vivienda social”. La extensión del área, con “interés histórico”, abarca la organización de Jaro de Arana, el alto de Somosierra, algunas manzanas entre las calles Kirikiño e Irala o algunos inmuebles de Batalla de Padura.

“Cuando tengamos la declaración la maquinaria de Surbisa iniciará la gestión con las comunidades de vecinos”, anuncia Josu Urriolabeitia, arquitecto jefe del Área Técnica de Surbisa, quien afirma que ya han visitado edificio a edificio, “casi vivienda a vivienda”. Según explica, el conjunto de inmuebles, apodados casa baratas, construidos en 1955 por el Instituto Nacional de la Vivienda, “son unos bloques que corresponden a una manera muy concreta de construcción de vivienda social”. La extensión del área, con “interés histórico”, abarca la organización de Jaro de Arana, el alto de Somosierra, algunas manzanas entre las calles Kirikiño e Irala o algunos inmuebles de Batalla de Padura.

“Son unas áreas que tanto por el interés histórico como por el alto grado de deficiencia de sus aspectos urbanísticos merecen unas ayudas económicas especiales”, indica el arquitecto de Surbisa, quien expone que las subvenciones pueden alcanzar el 40% del coste para acometer las obras en los inmuebles, con un 15% a cargo de Lakua y un 25% del Ayuntamiento de Bilbao. “Estamos en un barrio en el que socioeconómicamente es necesaria la ayuda de la administración”, concreta. De hecho, entre las condiciones para acceder a la declaración de Lakua se tipifica que el nivel de renta debe ser inferior al 80% de la media de Bizkaia (cifrada en 40.242 euros, mientras que la media de Irala es de 19.121 euros) o que la tasa de paro del área debe ser superior a la media de Euskadi (donde actualmente el índice es de un 14% frente a un 23% del barrio bilbaino).

“De todos los edificios solo hay uno que tiene ascensor, el problema es realmente grave”, considera el arquitecto, quien aclara que el trabajo previo está realizado. “Hemos definido ciertos planos, así como por dónde irían los ascensores, porque no tienen patio ni las escaleras tiene dimensiones suficientes”, concreta Urriolabeitia. Además, también prevén incluir medidas de aislamiento a la hora de reparar las fachadas o las cubiertas, así como animar a los vecinos a que lleven a cabo actuaciones en relación a la mayor eficiencia de los edificios.

Tratándose de bloques que ya han sobrepasado el medio siglo, muchos de los propietarios son personas mayores, aunque también hay familias jóvenes con dificultades para subir las sillas de bebé. La avanzada edad de los inmuebles también conlleva que muchos de ellos estén obligados por el calendario de la Inspección Técnica de los Edificios a la instalación de ascensores. “Sabiendo eso nos hemos lanzado a ser propositivos y no esperar a que venga requerido, porque la respuesta suele ser peor”, explica por experiencia Urriolabeitia.

¿Pero cuántas de las 57 comunidades están de acuerdo con acometer las obras? “Es complejo, en toda rehabilitación el momento más duro es el inicio, hay que vencer las reticencias y encontrar a los primeros valientes”, revela el técnico, quien considera que una vez se da el pistoletazo de salida las cosas cambian. “Nos gusta ver el resultado, no que nos lo cuenten con planos. Primero cae una, luego otra… Es una parábola, empieza suave pero va creciendo”, añade este arquitecto, quien ejemplifica las mejoras citando el ahorro en la factura de la calefacción con la eficiencia energética o la ventaja de no cargar con la compra gracias a los elevadores.