Situación del sector de la Construcción en Europa

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Recientemente se celebró en Madrid la conferencia Euroconstruct con la participación de Julián Núñez, Presidente de SEOPAN, Francisco Diéguez, Director General del ITeC y
Josep R. Fontana, Jefe del Departamento de Mercados del ITeC.

Tanto 2014 como 2015 han sido años de transición para el sector construcción en Europa, años en los que el crecimiento ha sido testimonial y cuajado de excepciones en forma de países que seguían en recesión. Pero 2016 será el tercer ejercicio en positivo con el que se iniciará una fase en la que la construcción muestra mayor tracción que la economía: la previsión para el sector es del 2,6% mientras que sólo se espera un 1,8% en el PIB de la suma de países de la red Euroconstruct. Las razones que explican este plus de crecimiento son variadas (bajos tipos de interés, mejora de las rentas familiares, plan europeo de inversiones) si bien no están exentas de riesgo (presupuestos públicos restrictivos, altos niveles de deuda pública y privada).

Este repunte del sector no será un fenómeno pasajero y la previsión contempla que la construcción continúe avanzando a mayor ritmo que la economía durante los próximos años. Sin embargo, la brecha entre ambas no tiende a aumentar, sino a reducirse: mientras que el PIB se mantiene creciendo al 1,9% tanto en 2017 como en 2018, el sector construcción pasa del 2,7% en 2017 al 2,4% en 2018. La desaceleración de Alemania provoca que una quinta parte del sector europeo de la construcción apenas espere crecimiento en el horizonte 2018, lo cual es imposible de compensar con el buen comportamiento de mercados más pequeños como los de Polonia o Irlanda. El resto de mercados grandes se mueven alrededor de la media: España y Francia algo por encima, Italia algo por debajo.

euroconstructec-1La edificación residencial ha reaccionado más pronto y con mayor intensidad que el resto de los segmentos, y disfruta de un momento de crecimiento sustancial: 5,7% previsto para 2016 y 4,2% para 2017. Los países de la zona Euroconstruct esperan producir más de 1,6 millones de viviendas en 2017, en contraste con los 1,4 millones al año que se registraron en 2013-2014. Junto con la recuperación económica, el abaratamiento del crédito ha contribuido decisivamente a volver a despertar interés por la compra y por la promoción de vivienda. Tal como ya apuntamos en el anterior informe, el fenómeno de la acogida de refugiados está presionando a países como Alemania o Holanda a construir vivienda con urgencia. A Francia le ha costado bastante salir de la espiral recesiva, pero finalmente tiene por delante unos años de crecimiento intenso, arropado por políticas públicas de estímulo.

La edificación no residencial vuelve a la zona positiva en 2016 (3,2%) tras un largo paréntesis de siete años de recesión. Pese a la mejora del clima empresarial, la demanda de nueva superficie no residencial continúa siendo sólo moderada, en un contexto de abundante stock disponible que se percibe en indicadores como el bajo grado de uso de la capacidad productiva instalada. Además, la demanda pública sigue muy condicionada por los equilibrios presupuestarios en numerosos países. Por todo ello, la producción seguirá moviéndose a niveles discretos, pese a que los incrementos anuales (3,4% para 2017 y 2,3% para 2018) puedan dar la impresión de que los avances son significativos. Por categorías de uso, las oficinas consiguen dejar atrás el estancamiento de los últimos años y concentran las expectativas de crecimiento más intenso; algo que en menor escala también sucede con la construcción industrial. El énfasis que Alemania está poniendo en la vivienda no se reproduce por el costado del no residencial, que tiende a estancarse.

La ingeniería civil repuntó notablemente en 2015 (2,9%), pero pierde impulso en 2016 (1,5%). Es el efecto combinado de varios factores: en el Reino Unido se van acabando proyectos viarios de gran envergadura que han propulsado a este segmento los últimos 3 años, en España se ha desvanecido el efecto catalizador de las elecciones y en los países del Este se atraviesa un cierto “impasse” entre períodos de programación de fondos estructurales europeos. El mal momento de la inversión pública sigue dejándose sentir, particularmente en las administraciones locales que suelen asumir la responsabilidad del mantenimiento de las infraestructuras. El Plan de Inversiones de la Comisión Europea debería de ofrecer un cierto contrapunto, y hasta el momento ha contribuido a arrancar proyectos de trasporte y energía en 10 países. La previsión más a medio plazo vuelve a acelerarse (3% en 2017, 3,8% en 2018) contando con que los países del Este recuperen su ritmo habitual, particularmente Polonia. En Europa occidental, los mercados más activos serán Noruega y Reino Unido; asimismo Italia, cuya estrategia nacional de reactivación de proyectos que quedaron paralizados por la crisis ya está dando frutos.

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  • Amenazas de recaída

En el sector construcción se percibió un cambio de tendencia en la segunda mitad del 2014 que propició que 2015 empezase con un moderado optimismo: la ingeniería civil crecía con la inminencia de las elecciones, aumentaban los proyectos para nuevas viviendas y se recuperaba la rehabilitación. Esta atmósfera positiva se ha degradado en 2016 a raíz de la prolongada situación de gobierno en funciones que está ralentizando la toma de decisiones, y de la complicación del proceso de corrección del déficit público. El principal perjudicado está siendo el segmento de la ingeniería civil, mientras que de momento el resto de segmentos, sobre todo la vivienda, se ven poco afectados y contribuyen a que 2016 pueda acabar con saldo positivo en términos de producción (3,7%). Las perspectivas para 2017 y 2018 están muy condicionadas por si la ingeniería civil es capaz o no de detener su contracción. En caso afirmativo, la producción seguiría creciendo (4% en 2017 y 3,5% en 2018) a ritmos algo superiores a los de la economía.

El segmento de la edificación residencial es el que concentra las mejores expectativas para los próximos años, algo que puede resultar paradójico puesto que la vivienda se suele identificar como el principal factor desencadenante de la crisis. Influye sin duda la mejora del sector inmobiliario, donde el inicio de la recuperación de precios y las mejores condiciones en las hipotecas abonan la idea de que es un momento oportuno para comprar. Aunque persisten las dificultades, promover nueva vivienda en aquellas zonas y estratos de demanda más activos ya no se percibe como algo insensato. Es aún prematuro concluir que el mercado está normalizado, pero la mejora ha sido suficiente como para propiciar los primeros incrementos de producción en 2015 (3,8%) y apunta a un 2016 bastante activo (12%). La mejora en los flujos de nuevos proyectos y en el mercado de suelo permite albergar esperanzas de seguir creciendo en 2017 (6%) y 2018 (4,5%).

En comparación con la vivienda, la edificación no residencial ha sido más reticente a mostrar signos de inflexión y la producción continuó contrayéndose en 2015 (-2,6%). En circunstancias normales, esto sería síntoma de un mercado con baja demanda, pero en el caso español no es así, ya que la demanda de inversión está a niveles objetivamente altos. Hasta ahora toda esta demanda se ha ido nutriendo del stock ya construido y que se ha ofertado a precios atractivos. Poco a poco aparecen los primeros síntomas de avance de precios y de disminución de stock, que deberían ser el preludio de un repunte de la producción de nueva planta en 2016 (3,8%). Para los próximos años continúa previéndose un sector produciendo por debajo de su capacidad y que solo se dedica a atender los vacíos de oferta más acuciantes. Pero en un contexto de muy baja actividad, es suficiente para generar tasas anuales de crecimiento como las previstas (5,2% para 2017, 4% para 2018).

De la misma manera que la producción en ingeniería civil se ha beneficiado del calendario electoral del 2015, se está viendo negativamente afectada en el 2016 por el largo periodo de interinidad en la Moncloa. Pero por grave que pueda parecer la ausencia de gobierno, es todavía más preocupante que se vaya a sacrificar más inversión pública en infraestructuras en pro de la reducción del déficit durante los próximos años. La previsión 2016 plantea un retroceso (-6,9%) que revierte la producción a niveles algo por debajo del 2014, que entendemos podrían ser verosímiles de mantener en el horizonte 2017 (0,1%). La proyección 2018 contempla algo de crecimiento (2,8%) pero seguiría sin superarse la producción del 2015, que quedaría como un pequeño pico aislado, fruto de un sobresfuerzo inversor puntual.